Juan Carlos Onetti, tres poemas

Hoy se cumplen 111 años del nacimiento del poeta y escritor uruguayo Juan Carlos Onetti considerado por algunos críticos literarios como uno de los pocos existencialistas en lengua española. Dejamos a continuación una selección de tres poemas:

Y EL PAN NUESTRO
Sólo conozco de ti
la sonrisa gioconda
con labios separados
el misterio
mi terca obsesión
de desvelarlo
y avanzar porfiado
y sorprendido
tanteando tu pasado
Sólo conozco
la dulce leche de tus dientes
la leche plácida y burlona
que me separa
y para siempre
del paraíso imaginado
del imposible mañana
de paz y dicha silenciosa
de abrigo y pan compartido
de algún objeto cotidiano
que yo pudiera llamar
nuestro
Querida Litty
Desde hace meses
con inusitada frecuencia
no me deja el cartera cartas tuyas.
Será amnesia del hombre
o tal vez las apile
en un rincón limpio
de su cuarto de soltero
solterón
y algún día me las traiga
cinta rosa
todas juntas
como un banquete
para el olvidado hambriento
que puede imaginarse
desde ahora
una clara catarata
de ternuras y recuerdos.
Balada del ausente
Entonces no me des un motivo por favor
No le des conciencia a la nostalgia,
La desesperación y el juego.
Pensarte y no verte
Sufrir en ti y no alzar mi grito
Rumiar a solas, gracias a ti, por mi culpa,
En lo único que puede ser
Enteramente pensado
Llamar sin voz porque Dios dispuso
Que si Él tiene compromisos
Si Dios mismo le impide contestar
Con dos dedos el saludo
Cotidiano, nocturno, inevitable
Es necesario aceptar la soledad,
Confortarse hermanado
Con el olor a perro, en esos días húmedos del sur,
En cualquier regreso
En cualquier hora cambiable del crepúsculo
Tu silencio
Y el paso indiferente de Dios que no ve ni saluda
Que no responde al sombrero enlutado
Golpeando las rodillas
Que teme a Dios y se preocupa
Por lo que opine, condene, rezongue, imponga.
No me des conciencia, grito, necesidad ni orden.
Estoy desnudo y lejos, lo que me dejaron
Giro hacia el mundo y su secreto de musgo,
Hacia la claridad dolorosa del mundo,
Desnudo, sólo, desarmado
bamboleo mi cuerpo enmagrecido
Tropiezo y avanzo
Me acerco tal vez a una frontera
A un odio inútil, a su creciente miseria
Y tampoco es consuelo
Esa dulce ilusión de paz y de combate
Porque la lejanía
No es ya, se disuelve en la espera
Graciosa, incomprensible, de ayudarme
A vivir y esperar.
Ningún otro país y para siempre.
Mi pie izquierdo en la barra de bronce
Fundido con ella.
El mozo que comprende, ayuda a esperar, cree lo que ignora.
Se aceptan todas las apuestas:
Eternidad, infierno, aventura, estupidez
Pero soy mayor
Ya ni siquiera creo,
En romper espejos
En la noche
Y lamerme la sangre de los dedos
Como si la hubiera traído desde allí
Como si la salobre mentira se espesara
Como si la sangre, pequeño dolor filoso,
Me aproximara a lo que resta vivo, blando y ágil.
Muerto por la distancia y el tiempo
Y yo la, lo pierdo, doy mi vida,
A cambio de vejeces y ambiciones ajenas
Cada día más antiguas, suciamente deseosas y extrañas.
Volver y no lo haré, dejar y no puedo.
Apoyar el zapato en el barrote de bronce
Y esperar sin prisa su vejez, su ajenidad, su diminuto no ser.
La paz y después, dichosamente, en seguida, nada.
Ahí estaré. El tiempo no tocará mi pelo, no inventará arrugas, no me inflará las mejillas
Ahí estaré esperando una cita imposible, un encuentro que no se cumplirá.

Juan Carlos Onetti Borges. (Montevideo, 1 de julio de 1909 – Madrid, 30 de mayo de 1994). Escritor uruguayo.

Su labor literaria comienza en Buenos Aires, donde colabora en los diarios La Prensa La Nación de Buenos Aires. En 1935 escribe Los niños en el bosque Tiempo de abrazar, que no se publicaron hasta casi cuarenta años después. En 1939 publica su primer libro, El Pozo, y es nombrado secretario de redacción del semanario Marcha

En 1940 publica en el diario La Nación de Buenos Aires su primer cuento relevante, Un sueño realizado, al que sigue una extensa lista de publicaciones, formada entre otros por El obstáculo El posible Baldi

A mediados de la década de 1950 colabora con la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo, donde publica su relato El álbum y la novela corta Los adioses

En 1954 traduce This Very Earth (La verdadera tierra) de Erskine Caldwell y en 1956 TheComancheros, de Paul Wellman. 

Como periodista utiliza varios seudónimos: «Periquito el Aguador» para su columna periodística La piedra en el charco, «Groucho Marx» para temas de actualidad con tono humorístico y «Pierre Regy» para artículos de curiosidades literarias y cuentos policiales. Trabaja posteriormente en la agencia Reuters, en la revista Ímpetu y, como director, en la revista Vea y Lea. Publica también algunas notas sobre cine en Crítica. 

En 1957, es designado director de Bibliotecas en la División de Artes y Letras de la Intendencia Municipal de Montevideo, cargo que ocupa hasta 1975. 

Debido a los problemas políticos de su país, traslada su residencia a España y en 1978 entra en el diario El País como colaborador; a través de la agencia EFE trabaja también en diversos diarios latinoamericanos. 

En 1989 su novela La cara de la desgracia es llevada al cine por el realizador argentino Pedro Stocky. 

Tras recibir el Premio Rodó en 1991 dona la dotación económica percibida por el mismo para la compra de libros en bibliotecas municipales.

En 1993 se publica su última novela, Cuando ya no importe, considerada como su testamento literario.

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