Amado Nervo: 150 años del nacimiento de un poeta universal

Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo fue el poeta nayarita-universal que optó por el seudónimo: Amado Nervo (1870-1919), y se dedicó a expresar sus sentimientos al amor-mujer; pues igual que Pablo Neruda (Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto), supo conectar amor y literatura. Hace 150 años que Nervo nació, y 101 que murió –sólo biológicamente– porque sigue vivo en su obra, sustentada no en algún metafísico supuesto, sino en su diario trabajo para forjar versos que resultan actuales: “¡Ay, infeliz México mío!/Mientras con raro desvarío/Vas de una en otra convulsión/Del lado opuesto de tu río/Te está mirando, hostil y frío,/el ojo del sajón/¡Cese tu lucha fratricida/Da tregua al ímpetu suicida!/¿Surges apenas a la vida/Y loco quieres morir?”.

Romanticismo puro. Sentimentalismo. Nuestro Nervo dejó sus creaciones desde el trípode: pensamiento, férrea voluntad y sentimiento, para elogiar al amor en sí mismo y el amor a la mujer-humanidad: “Pasó con su madre/Que rara belleza/Pasó con su madre/Y no obstante mi sed de ternura/Cerrando los ojos la dejé partir”. Un 24 de mayo de 1919 decidió privarnos de su presencia, en el contexto de su vida agitada amorosamente.

Amado, amadísimo, Nervo, nos hace vibrar las cuerdas de los amores ya idos y los que persisten, aunque los dejemos pasar como aves volando en otoño, tal como el poeta. Y Nayarit, Nervo recorrió muchos otros países donde muchos de sus libros nacieron. Impregnado de un cristianismo conmovedor, el poeta, empero, no lo introduce para una religiosidad de propaganda, sino como un elemento de consolación ante la muerte, y un peldaño para vivir y desde ahí mirar lo que él quiere ver poéticamente. Son sus versos una lluvia de palabras que bañan el sentimiento para que éste se purifique, y con su desbordado amor superar el escepticismo mediante el conocimiento del amor, como explora en sus ensayos Martha Nussbaum. Y porque amó sus amores literarios y encontró el amor-mujer, es que Amado Nervo sembró versos. Así es como cosechamos los poemas que florecen en ese jardín (“las rosas cuentan cuentos perfumados”, dice Verlaine) y sus pétalos, constantemente renacidos, se depositan sobre el sentimiento para exclamar: “¡Vida, nada me debes! “¡Vida, estamos en paz!”.


Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo, conocido como Amado Nervo, nació el 27 de agosto de 1870 en la ciudad de Tepic, Nayarit. Su padre murió cuando él contaba trece años, lo que causó serios apuros económicos a la familia. Estudio en el Colegio de San Luis Gonzaga, en Jacona, y después ingresó al Seminario de Zamora, en el Estado de Michoacán, donde permaneció desde 1886 hasta 1891.
Inició su carrera periodística en El Correo de la tarde de Mazatlán, labor que compaginaba con el trabajo en un despacho de abogados.
En 1894 se trasladó a Ciudad de México. Colaboró en la revista Azul de Manuel Gutiérrez Nájera y se relacionó con los principales colaboradores mexicanos como Luis G. Urbina, Tablada, Dávalos, y con algunos extranjeros como Rubén Darío, José Santos Chocano y Campoamor. Formó parte de la redacción de El Universal, El Nacional y El Mundo.
Su fama se inició con la publicación de su novela El bachiller en 1896 y de sus libros de poesía Perlas negras y Místicas en 1898.
Entre 1898 y 1900 fundó y dirigió con Jesús Valenzuela la Revista Moderna, sucesora de Azul.
En 1900 viajó a París, enviado como corresponsal del periódico El Imparcial a la Exposición Universal. En París conoció a su gran amor Ana Cecilia Luisa Daillez, con la que vivió diez años y cuya prematura muerte en 1912 le inspiraría los poemas de La Amada Inmóvil, publicado póstumamente en 1922.
Pudo viajar por Europa como corresponsal y dedicarse a la poesía hasta que el periódico le canceló la corresponsalía y tuvo que volver a México donde ganó una plaza de profesor de lengua castellana en la Escuela Nacional Preparatoria.
Hacia 1905 ingresó en la carrera diplomática como secretario de la embajada de México en Madrid. Residió especialmente en Madrid donde trabó amistad con el director de la revista Ateneo Mariano Miguel de Val y escribió artículos para ésta y otras muchas revistas y periódicos españoles e hispanoamericanos.
En 1914 la Revolución interrumpió el servicio diplomático y se impuso su cese. Regresó en 1918 y volvió a ser reconocido como diplomático, por lo que poco después fue enviado como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay. Llegó a Buenos Aires en marzo y murió en Montevideo, el 24 de mayo de 1919, a los 48 años. Su cadáver fue conducido a México por la corbeta Uruguay. Fue sepultado en la Rotonda de los Hombres Ilustres el 14 de noviembre de 1919.
Poeta, autor también de novela y ensayo, al que se encasilla habitualmente como modernista por su estilo y su época, clasificación frecuentemente matizada por incompatible con el misticismo y tristeza del poeta, sobre todo en sus últimas obras.


BIBLIOGRAFÍA

El bachiller, 1895
Perlas negras, 1896
Místicas, 1898
Poemas poesía de su etapa de París, 1901
El éxodo y las flores del camino, 1902
Lira heroica, poesía, 1902
Jardines interiores, 1905
Almas que pasan, 1906
En voz baja, 1909
Juana de Asbaje, biografía de Sor Juana Inés de la Cruz,1910
Serenidad, 1912
Mis filosofías, 1912
Elevación, 1916
El diablo desinteresado, 1916
Plenitud, 1918
El estanque de los lotos, 1919
El arquero divino, 1919
Los balcones, 1922:
La amada inmóvil, 1922

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