Tres poemas para recordar a Luis Cernuda

Se cumplen 58 años de la muerte del poeta español

Luis Cernuda nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902. Comenzó a publicar a partir de 1927, y en 1936 ordenó sus primeros libros y sus nuevos poemas en La realidad y el deseo, que iría reeditando ampliado en sucesivas ediciones (la última se publicó poco antes de su muerte). Escribió también prosas poéticas y ensayos sobre el quehacer poético. Exiliado por la Guerra Civil, en 1938 se instaló en Inglaterra. Luego en 1947 se fue a vivir a Estados Unidos, y en 1952 se instaló en México, donde murió en 1963.

Compartimos a continuación tres poemas.

SI EL HOMBRE PUDIERA DECIR LO QUE AMA

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
Si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
Como una nube en la luz;
Si como muros que se derrumban,
Para saludar la verdad erguida en medio,
Pudiera derrumbar su cuerpo, dejando sólo la verdad de su amor,
La verdad de sí mismo,
Que no se llama gloria, fortuna o ambición,
Sino amor o deseo,
Yo sería aquel que imaginaba;
Aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
Proclama ante los hombres la verdad ignorada,
La verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
Cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
Alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina,
Por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
Y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
Como leños perdidos que el mar anega o levanta
Libremente, con la libertad del amor,
La única libertad que me exalta,
La única libertad porque muero.

Tú justificas mi existencia:
Si no te conozco, no he vivido
Si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.

A UN POETA MUERTO
(F.G.L.)

Así como en la roca nunca vemos 
La clara flor abrirse, 
Entre un pueblo hosco y duro 
No brilla hermosamente 
El fresco y alto ornato de la vida. 
Por esto te mataron, porque eras 
Verdor en nuestra tierra árida 
Y azul en nuestro oscuro aire.

Leve es la parte de la vida 
Que como dioses rescatan los poetas. 
El odio y destrucción perduran siempre 
Sordamente en la entraña 
Toda hiel sempiterna del español terrible, 
Que acecha lo cimero 
Con su piedra en la mano.

Triste sino nacer 
Con algún don ilustre 
Aquí, donde los hombres 
En su miseria sólo saben 
El insulto, la mofa, el recelo profundo 
Ante aquel que ilumina las palabras opacas 
Por el oculto fuego originario.

La sal de nuestro mundo eras, 
Vivo estabas como un rayo de sol, 
Y ya es tan sólo tu recuerdo 
Quien yerra y pasa, acariciando 
El muro de los cuerpos 
Con el dejo de las adormideras 
Que nuestros predecesores ingirieron 
A orillas del olvido.

Si tu ángel acude a la memoria, 
Sombras son estos hombres 
Que aún palpitan tras las malezas de la tierra; 
La muerte se diría 
Más viva que la vida 
Porque tú estás con ella, 
Pasado el arco de tu vasto imperio, 
Poblándola de pájaros y hojas 
Con tu gracia y tu juventud incomparables.

Aquí la primavera luce ahora. 
Mira los radiantes mancebos 
Que vivo tanto amaste 
Efímeros pasar junto al fulgor del mar. 
Desnudos cuerpos bellos que se llevan 
Tras de sí los deseos 
Con su exquisita forma, y sólo encierran 
Amargo zumo, que no alberga su espíritu 
Un destello de amor ni de alto pensamiento.

Igual todo prosigue, 
Como entonces, tan mágico, 
Que parece imposible 
La sombra en que has caído. 
Mas un inmenso afán oculto advierte 
Que su ignoto aguijón tan sólo puede 
Aplacarse en nosotros con la muerte, 
Como el afán del agua, 
A quien no basta esculpirse en las olas, 
Sino perderse anónima 
En los limbos del mar.

Pero antes no sabías 
La realidad más honda de este mundo: 
El odio, el triste odio de los hombres, 
Que en ti señalar quiso 
Por el acero horrible su victoria, 
Con tu angustia postrera 
Bajo la luz tranquila de Granada, 
Distante entre cipreses y laureles, 
Y entre tus propias gentes 
Y por las mismas manos 
Que un día servilmente te halagaran.

Para el poeta la muerte es la victoria; 
Un viento demoníaco le impulsa por la vida, 
Y si una fuerza ciega 
Sin comprensión de amor 
Transforma por un crimen 
A ti, cantor, en héroe, 
Contempla en cambio, hermano, 
Cómo entre la tristeza y el desdén 
Un poder más magnánimo permite a tus amigos 
En un rincón pudrirse libremente.

Tenga tu sombra paz, 
Busque otros valles, 
Un río donde del viento 
Se lleve los sonidos entre juncos 
Y lirios y el encanto 
Tan viejo de las aguas elocuentes, 
En donde el eco como la gloria humana ruede, 
Como ella de remoto, 
Ajeno como ella y tan estéril.

Halle tu gran afán enajenado
El puro amor de un dios adolescente
Entre el verdor de las rosas eternas;
Porque este ansia divina, perdida aquí en la tierra,
Tras de tanto dolor y dejamiento,
Con su propia grandeza nos advierte
De alguna mente creadora inmensa,
Que concibe al poeta cual lengua de su gloria
Y luego le consuela a través de la muerte.

DONDE HABITE EL OLVIDO

Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea
Memoria de una piedra sepultada entre ortigas
Sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.

Donde mi nombre deje 
Al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
Donde el deseo no exista.

En esa gran región donde el amor, ángel terrible, 
No esconda como acero 
En mi pecho su ala, 
Sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento.

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
Sometiendo a otra vida su vida, 
Sin más horizonte que otros ojos frente a frente.

Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
Cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; 
Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
Disuelto en niebla, ausencia, 
Ausencia leve como carne de niño.

Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.


Luis Cernuda Bidón nació en Sevilla el 21 de septiembre de 1902. Su padre, Bernardo Cernuda Bousa, era natural de Puerto Rico, aunque los abuelos paternos procedían de España,ejerció la carrera militar. Su madre, Amparo Bidón Cuéllar, era sevillana, con ascendencia francesa por la rama materna. Estudió el bachillerato en el colegio de los escolapios y escribió sus primeros versos a instancias de su profesor de retórica, don Antonio López. Ya en la pubertad el poeta se da cuenta de sus inclinaciones homosexuales, lo que, en la sociedad de la época, le acarrea profundos conflictos internos. Estudió Derecho en la Universidad de Sevilla, allí conoció como profesor de Literatura en a Pedro Salinas que le recomienda leer tanto a los clásicos como a los franceses, esto será fundamental para el equilibrio perfceto entre tradición y originalidad que mantendrá la futura obra del poeta.
En 1920 falleció su padre, poco después tuvo que realizar el servicio militar y fue en esta época en la que decidió definitivamente su vocación poética y empezará a publicar en revistas lo poemas que acabarán configurando su primer libro: Perfil del aire. Terminó la carrera pero nunca llegó a ejercer la abogacía sino que se volcó en su pasión literaria, lo que le llevó conocer a Juan Ramón Jiménez y publicó en Revista de Occidente y a viajar a Madrid donde conectó con los círculos intelectuales.
1927 fue un año fundamental para la historia de la poesía española ya que una generación inigualable de magnos poetas, que serían conocidos como la Generación del 27, se aunaron para realizar el homenaje a Góngora, allí conoció Cernuda a Federico García Lorca, al que le uniría una profunda amistad. En abril de ese año la revista Litoral, de Málaga, dirigida por Emilio Prados y Manuel Altolaguirre, le publicó, como cuarto suplemento de la revista, su libro de poemas Perfil del aire.
En 1928 murió su madre y poco después el poeta fijó su residencia en Madrid donde conoció a Vicente Aleixandre, pero al cabo de poco tiempo se fue a Toulouse para un lectorado, viajó a París y volvió a Madrid al año siguiente. En 1930 comenzó a trabajar en la librería de León Sánchez Cuesta. De 1932 data su relación amorosa con Serafín F. Ferro, que inspiró los poemas de Donde habite el olvido. Sus simpatías republicanas lo llevaron a impartir conferencias por los pueblos de España, con el Patronato de Misiones Pedagógicas y Culturales, institución creada por el gobierno, en 1934, ese año salió a la luz Donde habite el olvido. Aunque era su quinto libro de poesía, fue sólo el segundo publicado, lo que lo llevó a realizar una edición conjunta de su obra: La Realidad y el Deseo, que José Bergamín editó en las ediciones del Árbol de Cruz y Raya, donde apareció el 1 de abril de 1936. El 20 de abril los escritores le dedicaron un homenaje a Cernuda en un restaurante de Madrid. Lorca, a quien le habías impresionado mucho el libro, hizo la presentación.
Al estallar la sublevación militar se marchó a París como secretario del embajador Álvaro de Albornoz, y con la hija de éste, Concha. Regresó con ellos a Madrid en septiembre, donde participa en algunas emisiones radiofónicas y como voluntario, dentro de las milicias populares, del Batallón Alpino, en la sierra de Guadarrama. A principios de 1937 se trasladó a Valencia, donde funda, junto con Rafael Alberti, Juan Gil-Albert y otros escritores la revista Hora de España. Desde esas páginas, Cernuda le dedicó a Lorca una de las más sentidas elegías que aparecieron por todo el mundo. En febrero de 1938 salió de España rumbo a Paría, esta vez a un exilio del que nunca más regresó. Desde París pasó a Inglaterra, tras bastantes penúrias consiguió una ayudantía académica en la Cranleigh School durante un trimestre. Después consiguió un puesto de lector de español en la Universidad de Glasgow, donde se instaló en enero de 1939. Entre 1940 y 1941 compuso la primera versión del libro de prosa poética Ocnos, que apareció en Londres en 1942. En agosto de 1943 se trasladó también como lector, al Emmanuel College de Cambridge. En junio de 1945 termina su lectorado en Cambridge y regresó una vez más a Londres, donde trabajará como lector en el Instituto Español, dirigido por republicanos españoles en el exilio. En 1947 abandonó Europa camino de América, y trabajó como profesor en Mount Holyoke College, South Hadley, Mass, desde 1947 hasta 1952. En 1949 viajó por primera vez a México, en 1952 decidió trasladarse a este país. De 1954 a 1960 dio clases sobre teatro español y francés del siglo XVII en la Universidad Autónoma de México. Todavía regresó a Estados Unidos, en 1960; permanece allí casi tres años dando clases, lecturas poéticas y conferencias en universidades e instituciones de Los Ángeles, San Francisco, Berkeley, pero sin abandonar, entre medias, sus visitas a México. En 1962 publicó Desolación de la Quimera. En junio de 1963 regresó a México con intención de volver a ejercer como profesor en una universidad californiana, pero los trámites previstos para el visado lo hicieron desistir. En el domicilio de Concha Méndez, en el amanecer del 5 de noviembre de 1963, falleció repentinamente de un ataque al corazón. Fue enterrado en el Panteón Jardín de la ciudad de México.
Para Cernuda, el respeto a la tradición literaria y la aportación de originalidad en su obra deben ir en perfecto equilibrio. No se debe dar mayor peso a una o a otra. Para él, el respeto a la tradición es algo fundamental, pero no entiende esa tradición solamente como el respeto a la obra de autores españoles, sino que abarca el conjunto de la literatura europea.


BIBLIOGRAFÍA


Poesía

Perfil del aire, 4.º suplemento de Litoral, Málaga, 1927.

Gerardo Diego, Poesía española. Antología 1915-1931, Madrid, Signo, 1932.

La invitación a la poesía. Madrid, La Tentativa Literaria, 1933.

Donde habite el olvido, Madrid, Signo, 1934.

El joven marino, Madrid, col. Héroe, 1936.

La Realidad y el Deseo, Madrid, Cruz y Raya, Ediciones del Árbol, 1936. 2.ª ed., Séneca, México, 1940.3.ª ed., corr. y aum., México, Fondo de Cultura Económica, 1958

Las nubes, Buenos Aires, Schapire, col. Rama de oro, 1943.

Como quien espera el alba, Buenos Aires, Losada, col. Poetas de España y América, 1947.

Poemas para un cuerpo, Málaga, Caracola, col. A quien conmigo va, 1957.


Díptico español, (1960-1961). Poemas, Bogotá, Mito, 1961.

Desolación de la Quimera (1956-1962), México, Joaquín Mortiz, 1962.



Prosa

Ocnos (1940-1942), Londres, The Dolphin, 1942.

Tres narraciones, Buenos Aires, Imán, 1948.

Ocnos, 2.ª ed., aum., Madrid, Ínsula, 1949.

Variaciones sobre tema mexicano, México, Porrúa y Obregón, col. México y lo mexicano, 1952.

Ocnos, 3.ª ed., aum., Xalapa, Universidad Veracruzana, 1963.



Estudios literarios

Estudios sobre poesía española contemporánea, Madrid, Guadarrama, 1957.

Pensamiento poético en la lírica inglesa (siglo XIX), México, Imprenta Universitaria, 1958.

Poesía y literatura, I, Barcelona, Seix Barral, 1960.

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