Tres poemas inolvidables de Cristina Peri Rossi

Cristina Peri Rossi (Montevideo, 1941) ha sido distinguida con el premio Cervantes 2021, el máximo galardón de las letras españolas. A continuación, reproducimos tres poemas inolvidables de la autora uruguaya.

1. Montevideo

Nací en una ciudad triste

de barcos y emigrantes

una ciudad fuera del espacio

suspendida de un malentendido:

un río grande como mar

una llanura desierta como pampa

una pampa gris como cielo.

//.

Nací en una ciudad triste

fuera del mapa

lejana de su continente natural

desplazada del tiempo

como una vieja fotografía

virada al sepia.

//.

Nací en una ciudad triste

de patios con helechos

claraboyas verdes

y el envolvente olor de las glicinas

flores borrachas

flores lilas

//.

Una ciudad

de tangos tristes

viejas prostitutas de dos por cuatro

marineros extraviados

y bares que se llaman City Park.

//.

Y sin embargo

la quise

con un amor desesperado

la ciudad de los imposibles

de los barcos encallados

de las prostitutas que no cobran

de los mendigos que recitan a Baudelaire.

//.

La ciudad que aparece en mis sueños

accesible y lejana al mismo tiempo

la ciudad de los poetas franceses

y los tenderos polacos

los ebanistas gallegos

y los carniceros italianos

//.

Nací en una ciudad triste

suspendida del tiempo

como un sueño inacabado

que se repite siempre.

2. Erótica

Tu placer es lento y duro

viene de lejos

retumba en las entrañas

como las sordas

sacudidas de un volcán

dormido hace siglos bajo la tierra

y sonámbulo todavía

//.

Como las lentas evoluciones de una esfera

en perpetuo e imperceptible movimiento

Ruge al despertar

despide espuma

arranca a los animales de sus cuevas

arrastra un lodo antiguo

y sacude las raíces

//.

Tu placer

lentamente asciende

envuelto en el vaho del magma primigenio

y hay plumas de pájaros rotos en tu pelo

y muge la garganta de un terrón

extraído del fondo

como una piedra.

//.

Tu placer, animal escaso.

3. De aquí a la eternidad

Descubrir a Dios entre las sábanas

-no en el templo fariseo

ni en la altiva mezquita-

sábanas blancas

sudario del amor que te cubría

manto sagrado

iniciar la bienaventurada ascensión

de tu piel a la eternidad

de tu vientre al círculo celestial

sentir a Dios en tus húmedas cavidades

en el grito vertiginoso

de la jauría de tus vísceras

saber

que Dios está escondido entre las sábanas

sudoroso

consagrando tu sangre menstrual

elevando el cáliz de tu vientre

descubrir de pronto que Dios

era una diosa,

última ascesis,

de aquí a la eternidad.


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