Tres poemas de María Zambrano para recordarla a 31 años de su partida

María Zambrano fue una ensayista, pensadora y poeta española, que falleció un día como hoy hace 31 años. Dado su fascinante legado, en Poetas Hispanos Magazine queremos recordar algunos de sus grandiosos poemas.

Fue el 22 de abril de 1904 que María Zambrano Alarcón llegó a este mundo en Vélez-Málaga, España. Desde 1924 y hasta 1927 cursó estudios de Filosofía en Madrid, asistiendo a las clases de José Ortega y Gasset, Manuel García Morente y Julián Besteiro, entre otros.

Ya para 1930, ella fue profesora auxiliar de la Cátedra de Metafísica en la Universidad Central. Debido a la guerra que estalló en España, ella se instaló en México algunos años y conoció a personalidades como Octavio Paz y León Felipe.

De los años 1948 a 1953, María Zambrano residió en La Habana y posteriormente en Roma, donde escribió algunas de sus obras más importantes, como El hombre y lo divinoLos sueños y el tiempo, y Persona y democracia.

La poeta española falleció el 6 de febrero de 1991, la recordamos con tres de sus grandes poemas.

DELIRIO INCRÉDULO

Bajo la flor, la rama;

Sobre la flor, la estrella;

Bajo la estrella, el viento.

¿Y más allá?

Más allá, ¿no recuerdas?, sólo la nada.

La nada, óyelo bien, mi alma:

Duérmete, aduérmete en la nada.

Si pudiera, pero hundirme…

Ceniza de aquel fuego, oquedad,

Agua espesa y amarga:

El llanto hecho sudor;

La sangre que, en su huida, se lleva la palabra.

Y la carga vacía de un corazón sin marcha.

¿De verdad es que no hay nada? Hay la nada.

Y que no lo recuerdes. Era tu gloria.

Más allá del recuerdo, en el olvido, escucha

En el soplo de tu aliento.

Mira en tu pupila misma dentro,

En ese fuego que te abrasa, luz y agua.

Mas no puedo.

Ojos y oídos son ventanas.

Perdido entre mí mismo, no puedo buscar nada;

No llego hasta la Nada.

EL AGUA ENSIMISMADA

El agua ensimismada,

¿piensa o sueña?

El árbol que se inclina buscando sus raíces,

El horizonte,

Ese fuego intocado,

¿se piensan o se sueñan?

El mármol fue ave alguna vez;

El oro llama;

El cristal, aire o lágrima.

¿Lloran su perdido aliento?

¿Acaso son memoria de sí mismos

Y detenidos se contemplan ya para siempre?

Si tú me miras, ¿qué queda?

QUE TODO SE APACIGÜE…

Que todo se apacigüe como una luz de aceite.

Como la mar si sonríe,

Como tu rostro si de pronto olvidas.

Olvida porque yo he olvidado

Ya todo. Nada sé.

Cerca de ti nada sé.

Nada sé bajo tu sombra, amarilla

Simiente del árbol del olvido.

Y todo volverá a ser como antes.

Antes, cuando ni tú ni yo habíamos nacido.

Pero, ¿nacimos acaso?… O tal vez, no,

Todavía no.

Nada, todavía nada. Nunca nada.

Somos presente sin pensamientos.

Labios sin suspiros, mar sin horizontes,

Como una luz de aceite se ha extendido el olvido.


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