Tres poemas de Pedro Trinidad

Los primeros dos poemas nacieron de las tardes solitarias que ha traído este mundo en los últimos dos años. Del tercero la verdad no recuerdo su nacimiento; me lo volví a encontrar hace un par de días por casualidad escrito en la esquina de una vieja libreta de la universidad.

               Creo que los tres buscan a alguien o algo.          

Pedro Trinidad

Tatuado el azul

Quizá estás al otro lado del planeta sonriéndote en el espejo.

Caminas con el amor como sombra, con tenis blancos y

jeans azul marino. Tienes el alma en la piel y miras con un ojo

al pasado y con el otro al futuro y estás ahí, y yo aquí.

Amas dejarte pensar en todo y nada. Ocultas bajo el colchón

alguna foto del alguien que te amó pero que tú no amaste.

Tienes palabras complicadas que no sabes cómo usar

y te enojas cuando las descubres en la boca de otros.

Sueñas con tormentas silenciosas que no lastiman y se van

pronto, pero sabes que no serán así, que vendrán y explotarán

tu corazón, tu vientre, y no podrás hacer nada más que aguantar.

El gato en el techo afuera de tu ventana te mira con ojos grandes

e imaginas lo que ha visto. Ha de conocer el camino al mar pues

tiene las patas mojadas y el azul se le ha tatuado en sus ojos.

Estás allá, viendo otros rostros y sin besar a nadie o al equivocado.

Estoy seguro que tienes alguna frase en tu cabeza a medio terminar: la parte que falta la tengo yo.

Espejos

Hace tiempo que no te veo, seguro que has andado mucho.

En este año imagino llegaste a la luna, pero lo hiciste solo.

Las voces deben seguir siendo fuertes haya dentro.

Sigues poniendo puntos demás y olvidando siempre acentos.

La rocola sigue susurrándote la misma canción en los álamos

al lado de la carretera, esa donde te paraste a llorar también solo.

Quisiera que en una carta me contarás donde estás, donde duermes.

Dime si has pensado en regresar a la ribera donde los árboles

dibujan en el agua la receta de la alquimia que nos liberará a todos.

Truena la noche e imagino tus pisadas firmes cortando los espejos

en las banquetas de alguna ciudad que se pierde también contigo.

Haz encontrado el hechizo que te libera del amor: del sufrimiento.

Creí

Creí haberte visto cerca.

Creí haberte visto detenida en el tiempo.

Creí haberte visto en tu vestido de otoño y con flores en la mano.

Creí ver que me veías en la sombra que te cruzaba la calle.

Creí que el aroma de tu espalda bajo mis labios era la tarde que venía.


Biografía brevísima:

Pedro Trinidad es indígena. Está cerca del cuarto piso. A veces le da por escribir.

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