Cinco poemas de Amado Nervo

Fue uno de los poetas más destacados del movimiento modernista americano, y uno de los grandes representantes de la lírica mexicana en el siglo XX. Aquí puedes leer 5 poemas de Amado Nervo.

A Leonor

Tu cabellera es negra como el ala
del misterio; tan negra como un lóbrego
jamás, como un adiós, como un «¡quién sabe!»
Pero hay algo más negro aún: ¡tus ojos!

Tus ojos son dos magos pensativos,
dos esfinges que duermen en la sombra,
dos enigmas muy bellos… Pero hay algo,
pero hay algo más bello aún: tu boca.

Tu boca, ¡oh sí!; tu boca, hecha divinamente
para el amor, para la cálida
comunión del amor, tu boca joven;
pero hay algo mejor aún: ¡tu alma!

Tu alma recogida, silenciosa,
de piedades tan hondas como el piélago,
de ternuras tan hondas…
Pero hay algo,
pero hay algo más hondo aún: ¡tu ensueño!

A una francesa

El mal, que en sus recursos es proficuo,
jamás en vil parodia tuvo empachos:
Mefistófeles es un cristo oblicuo
que lleva retorcidos los mostachos.

Y tú, que eres unciosa como un ruego
y sin mácula y simple como un nardo,
tienes trágica crin dorada a fuego
y amarillas pupilas de leopardo.

El primer beso

Yo ya me despedía…. y palpitante
cerca mi labio de tus labios rojos,
«Hasta mañana», susurraste;
yo te miré a los ojos un instante
y tú cerraste sin pensar los ojos
y te di el primer beso: alcé la frente
iluminado por mi dicha cierta.

Salí a la calle alborozadamente
mientras tu te asomabas a la puerta
mirándome encendida y sonriente.
Volví la cara en dulce arrobamiento,
y sin dejarte de mirar siquiera,
salté a un tranvía en raudo movimiento;
y me quedé mirándote un momento
y sonriendo con el alma entera,
y aún más te sonreí… Y en el tranvía
a un ansioso, sarcástico y curioso,
que nos miró a los dos con ironía,
le dije poniéndome dichoso:
-«Perdóneme, Señor esta alegría.»

Cobardía

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…!
Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirar azul!

Quedé como en éxtasis…
Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.
…Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la deje pasar!

El amor nuevo

Todo amor nuevo que aparece
nos ilumina la existencia,
nos la perfuma y enflorece.

En la más densa oscuridad
toda mujer es refulgencia
y todo amor es claridad.
Para curar la pertinaz
pena, en las almas escondida,
un nuevo amor es eficaz;
porque se posa en nuestro mal
sin lastimar nunca la herida,
como un destello en un cristal.

Como un ensueño en una cuna,
como se posa en la rüina
la piedad del rayo de la luna.
como un encanto en un hastío,
como en la punta de una espina
una gotita de rocío…

¿Que también sabe hacer sufrir?
¿Que también sabe hacer llorar?
¿Que también sabe hacer morir?

-Es que tú no supiste amar…


Juan Crisóstomo Ruiz de Nervo nació el 27 de de agosto de 1870 en Tepic, Nayarit, México. Durante su vida tuvo varios momentos duros, el primero de ellos la muerte de su padre cuando tenía sólo 13 años de edad. Otras dos muertes posteriores cambiaron significativamente su vida. Su hermano Luis, también poeta, se suicidó, mientras que su esposa, Ana Cecilia Luisa Dailliez murió 11 años después de su matrimonio. 

Amado completó su primera educación en el Colegia San Luis Gonzaga en Jacona, Michoacán. Se inscribió luego en el seminario católico romano cerca de Zamora, para estudiar ciencias, filosofía y derecho. Sin embargo, debido a problemas económicos se vio obligado a abandonar sus estudios a mitad de camino. 

La decisión de abandonar los estudios no fue del todo debido a problemas financieros; Amado también comenzó un desvío hacia la espiritualidad mística. Esto dio paso a su sueño de unirse al sacerdocio, pero las dificultades económicas le obligaron a tomar un trabajo de oficina en Tepic. Más tarde se trasladó a Mazatlán en el estado de Sinaloa, donde trabajó con un abogado y como periodista en El Correo de la Tarde. Fue allí donde desarrolló un interés por la poesía y el periodismo. 

Amado se trasladó a la Ciudad de México en 1894, donde trabajó temporalmente con el escritor mexicano Manuel Gutiérrez Nájera en la revista ‘Azul‘. Escribió extensamente para El Universal, El Nacional y El Mundo.

Tuvo la responsabilidad de manejar la producción global de un suplemento titulado «La Comedia Mundial«, presentado por El Mundo en octubre de 1897. A partir de entonces, en enero de 1898, este suplemento se publicó independientemente de El Mundo con el nuevo nombre de «La comedia«. 

Para entonces, Amado había logrado una reputación en el campo literario. La publicación de la novela «El Bachiller» y los libros de poesía «Místicas» y «Perlas Negras«, contribuyeron aún más a su popularidad. Junto con su amigo Jesús Valenzuela, lanzó en 1898, La Revista Moderna, sucesora de Azul

En 1900, Amado fue enviado a la Exposición Universal de París como corresponsal de El Imparcial, permaneciendo en la capital francesa durante los siguientes dos años. Homenajeó al ex presidente mexicano Benito Juárez escribiendo «La Raza de Bronce» en 1902. Estando en París, conoció al gran poeta nicaragüense Rubén Darío, quien lo consideraba como un escritor y artista «parnasiano» moderno. También tuvo la suerte de conocer a Enrique Gómez Carrillo y Aurora Cáceres que más tarde se convirtieron en buenos amigos. 

Después de pasar años en París, regresó a México ocupando el cargo de profesor en la Escuela Nacional Preparatoria y luego el de inspector de enseñanza de literatura. En 1906 entró en el servicio diplomático y fue nombrado Segundo Secretario de Legación en México y España. Su puesto como ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay en 1918 fueron sus últimas asignaciones. 

En su viaje en París, Amado conoció al amor de su vida Ana Cecilia Luisa Dailliez con quien se casó en 1901. Los primeros diez años de la pareja fueron muy felices. Sin embargo, su muerte prematura en 1912 lo dejó sumido en un inmenso estado de tristeza y desesperación. Fue durante este tiempo que escribió su obra más importante y victoriosa titulado «La Amada Inmóvil«, que, sin embargo no se publicó hasta su muerte, en 1919. 

Un año después de que asumiera su posición como embajador de México en Argentina y Uruguay, falleció el 24 de mayo de 1919 en Montevideo, capital de Uruguay. La razón de su repentina muerte permaneció sin identificar. Fue enterrado en la Rotonda de las Personas Ilustres en la Ciudad de México. 


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